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Reconstrucción de Manabí: también hay que remover los escombros del alma

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Luego de una catástrofe natural se hace evidente en las víctimas lo que han sido las pérdidas humanas y las necesidades de reconstruir todo lo que quedo entre escombros. ¿Cómo rearmar la vida en la medida que ella se empieza a regularizar?

Así como tembló la tierra con el terremoto que devastó varias comunidades de la provincia de Manabí en Ecuador, también tembló el alma de las familias que se vieron afectadas por las pérdidas de sus familiares y amigos.

“Cuando tiembla la tierra, tiembla también nuestra parte emocional”, asegura Ana María Arón, psicóloga chilena experta en el trato con víctimas en situaciones de crisis. Ella, junto a su colega Andrea Machuca, visitaron Guayaquil para una conferencia organizada por la Universidad Casa Grande.

Ambas tuvieron un rol destacado en el terremoto de Chile del 2010 y llegaron a Ecuador para capacitar a profesionales que atienden a niños víctimas del terremoto en Manabí. Maestros, trabajadores sociales, psicólogos, orientadores familiares, pedagogos participaron de la conferencia “Acompañamiento psicosocial en situaciones de catástrofe con enfoque en niños”, que ellas dirigieron.

Estas especialistas en psicología aseguran que para iniciar la reconstrucción de Manabí, también es fundamental remover los escombros del alma, pues “el terremoto sigue presente en las personas a pesar de reconstruir una casa”. Revista VIVE! conversó con ellas sobre el tema y nos comparten algunos aspectos que hay que tener en cuenta en el acompañamiento psicosocial post terremoto.

 

Un terremoto marca un antes y un después en la vida de una persona. ¿De qué forma las comunidades recuperan la paz y la seguridad que antes tenían?

El proceso normal es que tenemos que esperar que pase un tiempo, pero es importante buscar espacios para conversar. Cuando tú has tenido pérdidas y dolores tan fuertes necesitas conversarlos con otros, algo que a veces va en contra de lo que la gente piensa. La gente piensa que es mejor no hablar más acerca de esto porque así nos vamos a olvidar antes, cuando lo que dice nuestra experiencia y la literatura y lo que se hace en todas partes es que es muy importante tener espacios para conversar de lo que pasó porque esa es la forma que tienes para digerir, de metabolizar esa experiencia tan fuerte.

Esto es cierto para los adultos, ¿y para los niños?

También hay que abrir espacios para saber cómo están, permitirles por ejemplo que hagan lo que lo niños hacen para elaborar estas emociones: dibujar, jugar, hacer dramatizaciones. Los niños van a querer jugar al terremoto y es importante que los adultos no nos asustemos con esto, sino que los dejemos. Hay un material para niños que hemos dejado en www.buentrato.cl, ahí se encuentra bastante material para que los adultos conversen con los niños. Muchas veces sucede que los papás quieren hablar pero no saben cómo hablar y esto facilitará a los adultos, padres, profesores para conversar sobre este tema con los niños.

¿Qué hay del miedo? Si bien nos ayuda a mantenernos alerta, ¿es contraproducente en esta etapa de recuperación?

El miedo no se puede controlar en estos casos. Ahora, hay que hacer una diferencia entre el miedo esperable y el que permanece en el tiempo. En Chile nosotros tuvimos la experiencia que mucha gente después del terremoto del 2010 dormía vestido porque uno, por ejemplo, estuvo desnudo en el momento del terremoto y salió así a la interperie y por un mes durmió vestido con zapatos. Hasta un mes está bien, pero si las personas siguen con este miedo intenso, el que no se atreven estar con la luz apagada, en un lugar cerrado, etc. hay que pedir ayuda. Todas estas reacciones que son normales en la inmediatez de la catástrofe, pero si pasa 3 meses y sigues con esos síntomas probablemente te tocará pedir ayuda.

Las ONG o grupos que están ayudando a las comunidades afectadas, ¿cómo protegen su esfera emocional?

Ese es punto súper central. Los profesionales que trabajan ahí son profesionales en riesgo y tienen que ver qué medidas van a tomar para cuidarse. Dentro de esas medidas están ciertas cosas que tienen que ver con el autocuidado (haciendo ejercicios, descansando), pero también cómo el equipo va a tener espacios para hablar sobre lo que está pasando. No pueden trabajar horas seguidas sin tener un espacio de vaciamiento y de elaboración del impacto de los relatos que uno escucha.  Este es un trabajo que se tiene que hacer en equipo, no solo, porque de repente uno se echa para atrás, pero está el otro para sostenerlo.

Hablemos de los niños. Cuando pasan este tipo de catástrofes ¿tienen el mismo proceso o es distinto?

La reacción de los  niños va a depender en gran medida de cómo estén los adultos. Para un niño su seguridad siempre es el adulto cuidador. Por eso nuestros esfuerzos, cuando trabajamos en intervención en crisis, se enfocan en el apoyo al adulto. Si nosotros vamos y le damos terapia a los niños somos extraños. En cambio si le das fortaleza al adulto permites que él sea un buen cuidador para sus niños. La tranquilidad de los niños depende de la tranquilidad de los adultos.

Depende también de la recuperación de las rutinas. Para un niño la estabilidad es saber que se levanta a una hora determinada, tiene que comer, se va acostar; de lo contrario se genera mucha angustia. Entonces también es importante recuperar lo antes posible las rutinas.

Reanudar las clases luego de una catástrofe, ¿cómo deben manejar los colegios su jornadas?

Empezar las clases como ordinariamente estaban programadas probablemente no es lo mejor porque los niños no tiene cabeza y los profesores tampoco. Pero lo mejor es reanudar la rutina de las clases: que vayan al colegio, que tengan un lugar donde comer, etc. porque encontrarse con sus compañeros es muy importante para recuperar la tranquilidad.

Pero las escuelas no deben pretender con el mismo contenido que estaba programado para las clases. Habitualmente en las comunidades más sabias se re focaliza los contenidos. Recuperar la rutina no es recuperar el año escolar, es recuperar la oportunidad de los niños de regresar a su escuela como el espacio social donde ellos se desarrolla porque para la mayor parte de los niños la escuela es un lugar seguro.

En el caso de ciudades donde algunos colegios se derrumbaron totalmente, ¿qué sucede con esa identidad del niño con su colegio?

Este es un tema muy importante porque aquí entra la importancia de hacer una especie de “rituales” que permitan despedirse de la escuela o de la casa que se cayó. Las casas, por ejemplo, tienen un contenido simbólico muy importante para las personas. Luego de un terremoto quedan casas que hay que demolerlas y eso es terrible. Entonces, ¿cómo se rescata el simbolismo que tiene esa casa en tu vida? Ir al lugar, despedirse, cada uno puede decir lo que más le gustó, disfrutó y lo que se lleva de recuerdo de su casa. Se puede coger un ladrillo y colocarlo en la nueva zona donde se va a reconstruir y así trasladas toda la historia condensada en un símbolo y la pones en la casa nueva. Con las escuelas se puede hacer lo mismo, hay que amortiguar el desarraigo. Puede que las casas o las escuelas se hayan destruido, pero la historia no se borró.

 

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