Decepción y esperanza

 

Por Mag. José Manuel Rodríguez Canales
Director Académico del Instituto para el Matrimonio y la Familia
Universidad Católica San Pablo. Arequipa, Perú.
http://blogs.rpp.com.pe/hombredefamilia/

Todo ser humano es una decepción y una esperanza” es una frase de Benedicto XVI. Uno la puede comprobar en sí mismo todos los días si tiene un poco de sinceridad y no se engaña. Una decepción porque no somos casi nunca lo que pretendemos ser: grandes profesionales, buenos trabajadores, hombres probos, buenos esposos, padres, madres o hijos. Y no es para deprimirse porque de esa primera decepción bondadosa es que surge la esperanza que nos impulsa a tratar de ser lo que soñamos ser y nunca conseguimos.

Es una paradoja de la vida: no creas que eres lo que quieres ser y avanzarás hacia serlo. Lo digo porque no pocas veces me veo y veo a otros papás angustiados por no ser buenos padres, pensando en qué se han equivocado en la crianza de sus hijos. Pues fácil: nos hemos equivocado en muchas cosas, tantas que es muy difícil determinarlas con claridad. A veces nos parece que en casi todas. Pero siempre acertaremos en una fundamental: amamos a nuestros hijos. Y esta base se expresa en dos cosas en las que debemos morir sin abandonar: ternura y firmeza.

Para expresar ternura, cariño, condescendencia, comprensión no necesitamos más instrucciones que las de la misma ternura: abrazar, besar, jugar, conversar, acercarse, dar tiempo, escuchar. Un error frecuente: pensar que estas cosas hay que sentirlas para hacerlas. No pocas veces es exactamente al revés: hazlas y las sentirás. Y si tus hijos te ignoran pues hazlas igual, pon buena cara y sigue viviendo que ellos harán igual.

Para vivir la firmeza pues es clave determinar lo esencial y distinguirlo de lo accesorio. Una vez hecho esto fijar los límites y una vez fijados, pues ser inflexible e inmune a quejas, lloriqueos, manipulaciones, amenazas de los hijos. Cera en los oídos y en el corazón que si decidiste bien, pues bien estará aunque no te sientas bien y tus hijos digan que te odian. Ese supuesto odio es la medida del amor que les tienes.

Listo, como me han pedido, me he dado un consejo a mí que supongo puede servirles a otros. Saludos a todos los amigos lectores.

Categoría: Hombre de Familia
 
 
Revista No. 0113
Marzo 2013
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